La Ética para las máquinas, nuevo campo de investigación Hasta hoy, sólo el Hombre se comprometió a un razonamiento ético, pero ya es hora de incorporarle una dimensión ética a algunas máquinas complejas. Se trata de un nuevo campo de estudio que considera a las máquinas, computadoras y robots, como un tipo de agentes éticos e intenta implementar en ellos facultades morales de toma de decisiones. Dado que las investigaciones científicas y los objetos tecnológicos tienen el poder de afectar a toda la humanidad, las decisiones sobre su curso actual y futuro no deben involucrar únicamente a los científicos, los empresarios y los gobernantes. Es necesario que la mayoría de la gente tenga una participación mucho más activa a fin de fijar los límites adecuados. Por Sergio Moriello. ¿Cómo tratarlas? Las actuales máquinas inteligentes son simples en extremo; en parte porque son muy “jóvenes”: apenas tienen poco más de medio siglo de existencia. No obstante, su avance arrollador las hará inmensamente más complejas en poco tiempo más. Aunque es posible que retengan el nombre “máquina”, con seguridad serán otra cosa.
Si una máquina puede desarrollar tanto actividades cognitivas como afectivas (emociones), habría que empezar a pensar seriamente sobre qué posición ocupa la máquina. ¿Tendrá el propietario derecho a desenchufarla, o a destruir su programación inteligente? ¿Constituiría esto un asesinato? [Ritchie, 1985, pág. 145] ¿Aunque, una vez “asesinada”, se pudiese reconstruir tan bien como si fuera nueva? ¿Sería este caso un “intento de asesinato”? [Freitas Jr., 1985].
De acuerdo con las leyes vigentes, los robots son simplemente una propiedad inanimada sin derechos ni deberes. No son personas legales (al igual que las máquinas y las computadoras) y no los toma en cuenta el sistema judicial. Sin embargo, se debe recordar que, en algún momento de la historia del Hombre, tampoco fueron considerados como personas legales los negros, los niños, las mujeres, los extranjeros y las empresas [Freitas Jr., 1985].
Si la máquina fuese un robot antropomorfo, si fuese capaz de pensar, de sostener debates interesantes o de hacer nuevos descubrimientos científicos (en suma, si desarrollase habilidades cognitivas), tal vez no habría dudas de que “apagarlo permanentemente” constituiría una especie de asesinato.
Pero, si en vez de ser intelectualmente brillante, ¿qué sucedería si mostrase una gama de emociones equivalentes a las que componen al ser humano promedio? Incluso más, si tuviese la forma de un perro, con un nivel mental equivalente a ese animal y su limitada gama de emociones, ¿sería cruel pegarle, o sería nada más que golpear a piezas metálicas o de plástico? [Storrs Hall, 2000].
¿Chatarra o asesinato? Por otra parte, el cambiar un robot –ya obsoleto y/o pasado de moda– por un modelo más nuevo y tirarlo como “chatarra”, como se hace con un automóvil o cualquier electrodoméstico, ¿no sería también una especie de asesinato?
Antes de construir humanoides inteligentes, se deberían resolver algunos problemas. De hecho, al momento de diseñarlos se debería tener definido si no es una crueldad producir en masa androides sintientes y luego eliminarlos en “campos de exterminio”.
Actualmente, cualquier robot se considera un bien instrumental; en consecuencia, su propietario puede hacer el uso que quiera… incluso hasta destruirlo. Es probable que, con el tiempo, surja un movimiento tendiente a atenuar los derechos derivados de la propiedad de los androides [Monopoli, 2005].
Incluso puede ser que, algún día, éstos argumenten que son seres conscientes y demanden la igualdad de derechos. Es por eso que, por uno u otro camino, hay quienes afirman que el homo sapiens compartirá el planeta con formas de vida sintética que hasta podrían tener “derechos legales”.
¿Qué tipos de derechos se les debería otorgar y/o negar? ¿Se les pueden aplicar los “derechos humanos”? Si un robot emula perfectamente las características humanas, ¿podría reclamar ser miembro de la especie? No se podría exigirle que tenga un cuerpo físico como el humano, ya que –con ese criterio– se deberían rechazar también a las personas que cuentan con partes artificiales [Lucas, 2006]. ¿Cuál será el lugar que los robots ocupen dentro de la sociedad? ¿Formarán su propia sociedad?
Por otra parte, ¿deberían los robots llevar armas? Si se envía un robot para asesinar a un ser humano, ¿de quién es la culpa: de la máquina, de las personas que la diseñaron, de la empresa que la diseñó, de las personas que la construyeron o de la empresa que la construyó? Asimismo, ¿deberían concedérseles patentes a las máquinas? Si un robot (una computadora o una máquina) inventa una patente, ¿pertenece a su dueño o a él mismo?
Nuevo campo Con respecto a la ética para las máquinas, se pueden distinguir dos niveles: la “humana” y la “artificial” propiamente dicha [Palmerini, 2004]. La función de la primera es la de restringir quién debe construir y quién debe usar robots. Pero su desarrollo no va parejo con el de la ciencia y la tecnología; en otras palabras, no está en condiciones de seguir el vertiginoso ritmo de las proezas científicas y tecnológicas del ser humano.
En lo referente a los nuevos desarrollos tecnológicos, mucho de lo que –en poco tiempo- será factible, está más relacionado con los cálculos financieros empresariales y con las previsiones políticas y económicas gubernamentales, que con los nuevos descubrimientos o paradigmas científicos [Dalai Lama, 2006, p. 221].
La ética artificial de los robots, o “roboética”, es aquella parte de la ética que se ocupa de los problemas relacionados con los robots y con su interacción con el hombre, los animales, la sociedad, la naturaleza y el mundo [Monopoli, 2005].
Se trata de un nuevo campo de estudio que considera a las máquinas, computadoras y robots como un tipo de agentes éticos e intenta implementar en ellos facultades morales de toma de decisiones [Allen, Wallach y Smit, 2006] [Moor, 2006].
La idea es otorgarles un determinado conjunto de reglas o guías de comportamiento universal, un “código de ética”, a medida que se vayan haciendo cada vez más complejas, a fin de que sus acciones no se aparten mucho de la normas humanas (ya que se tornaría imposible controlarlos) [Proença, 2001].
Hasta hoy, sólo el Hombre se comprometió a un razonamiento ético; ya es hora de incorporarle una dimensión ética a algunas máquinas complejas [Anderson y Leigh Anderson, 2006].
Otros agentes éticos Es enfoque se sustenta en el hecho de que existen casos de otras clases de agentes éticos. Por ejemplo, los perros tienen un sentido de lo que es correcto y lo que es incorrecto. Incluso, los niños son una forma distinta de agente ético: tienen limitados derechos y responsabilidades, y los adultos tienen deberes para con ellos.
Es más, hay una variación continua de agente ético que va desde el bebé hasta el adolescente [Storrs Hall, 2000]. Sin embargo, la mayoría de las personas establece una frontera divisoria para la ética entre lo que considera consciente y lo que considera no-consciente.
Por ejemplo, si se piensa que una serpiente no es consciente, no se harán muchos cuestionamientos en caso de tener que matarla. De igual manera, si se piensa que una máquina no es consciente, se tendrá mucho menos escrúpulo en lastimarla.
Recientemente un equipo internacional de científicos y académicos –pertenecientes a EURON (EUropean RObotics research Network)– elaboró un prototipo de “código de ética”. A grandes rasgos, sus recomendaciones son las siguientes:
• Asegurarse el control de los humanos sobre los robots.
• Prevenir su utilización nociva o ilegal.
• Proteger los datos obtenidos por los robots.
• Rastrear y grabar la actividad de los robots.
• Brindar una identificación única a cada robot.
fuente:
tendencias21.net_________________
