Resumiendo, existen 2 posturas a la hora de generar una inteligencia artificial consciente de su existencia y limitaciones.
- En el
método simbólico, conocido como la IA clásica, el programador inserta todos los datos al computador esperando que tal información pueda llegara a generar conciencia.
- El
método subsimbolico (llamado a veces
conexionista): Sus esfuerzos se orientan a la simulación de los elementos de mas bajo nivel dentro de los procesos inteligentes, con la esperanza de que estos, al combinarse, permitan que espontáneamente surja el comportamiento inteligente (como así sucedió con la inteligencia biológica).
Es decir, existen 2 enfoques distintos; El que es cargado en el agente por su diseñador, y el que puede ser aprendido por la máquina utilizando técnicas de aprendizaje.
Para mi, resulta obvio que partimos condicionados por nuestras limitaciones; ya sean estructurales (fisiología), genéticas (funcionalidad), como meméticas (socioculturales = inserción de datos constantes y actualizaciones permanentes). Pudiera parecer abrumador simular conciencia e inteligencia en una máquina (o androide, si se pretende mayor verisimilitud). Pero lo cierto que es como humanos, hemos sido también programados. El intelecto humano no aflora por espiritualidades místicas, sino que responde a una ardua tarea de programación, o si se quiere; de “educación y enseñanza ordenada”( ya que no empezarás leyendo un libro de mecánica cuántica a un niño de 2 años). Obvio resulta que, sin enseñanza claramente direccionada (manipulada), y sin determinada tipología de datos insertados en el cerebro (mediante los sentidos perceptivos), un humano no lleva impreso intrínsecamente inteligencia ni conciencia.
Por ejemplo; Un bebé aislado e incomunicado en una habitación, sin estímulos de ningún tipo, y alimentado de forma que no se entere (por ejemplo, mientras duerme), nunca llegará a adquirir una conciencia humana (pese a estructuralmente, ser humano). Por tanto, la interacción cuidadosamente direccionada, “programa” la mente para que se corresponda con las expectativas. Esto es, habilidad para comunicarse e interactuar con sus semejantes (y capacidad para ejercer simulaciones mentales); Esto es, un Sistema Operativo Humano funcional. Luego además, si el hardware (cuerpo), es defectuoso o no se ajusta a los patrones establecidos, la interacción se complica. Yo sigo sosteniendo que, esencialmente, los humanos somos biorobots.
A finales del 2008, saltó la alarma; según confirmaban las últimas investigaciones sobre neurociencias, “La libertad es una ficción cerebral. Estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes naturales”. Ese fue el resultado de experimentos realizados que indicaban que la actividad cerebral previa a un movimiento, realizado por el sujeto en un tiempo por él elegido, es muy anterior (350 ms) a la impresión subjetiva del propio sujeto de que va a realizar ese movimiento (200 ms antes del movimiento). Esto quiere decir, sencillamente, que la impresión subjetiva de la voluntad no es la causa del movimiento, sino que, junto con éste, es una de las consecuencias de una actividad cerebral que es inconsciente (y es anterior a la misma). Los experimentos realizados por Benjamín Libet en California hace más de 20 años, fueron confirmados por un grupo de neurocientíficos en Inglaterra mediante técnicas modernas de imagen cerebral; llegando a la conclusión que la actividad cerebral del lóbulo frontal tiene lugar hasta 10 segundos antes de la impresión subjetiva de voluntad. No podemos, pues, fiarnos de nuestras impresiones subjetivas (lo que consideramos una elección propia), porque pueden ser falsas. La falta de libertad es algo contraintuitivo, pero los experimentos indican que, efectivamente, estamos determinados, como el resto del Universo, por las leyes deterministas de la Naturaleza. El libre albedrío, defendido por una serie de doctrinas filosóficas, señala que los humanos tenemos el poder de elegir y tomar nuestras propias decisiones (la piedra angular argumental que nos diferencia de los robots). Sin embargo, en un artículo titulado “Free will versus the programmed brain”, el filósofo de la Universidad de Arizona, en Estados Unidos, Shaun Nichols, afirmaba que las posturas contra la existencia del libre albedrío se han acrecentado y extendido a través de libros y revistas de ciencia divulgativa. La mayoría confunde lo que en biología se llama ‘grados de libertad’ con la libertad propiamente dicha.
Todos los animales poseen diferentes grados de libertad, es decir, posibilidades de elegir entre varias opciones. El número de opciones depende del grado de encefalización del animal en cuestión y del elenco de posibilidades circunstanciales que el contexto ofrece. Nosotros tenemos muchos más grados de elección que un perro, y éste más que un lagarto, y éste, a su vez, más que una ameba. Pero la posibilidad de escoger entre varias opciones no nos dice por qué elegimos la que elegimos, o, con otras palabras, si esta elección es voluntaria, inconsciente, o determinada por la situación en la que nos encontramos. En suma, poseer grados de “libertad” no significa ser libres.
El problema de la libertad es que está íntimamente ligada a la responsabilidad, la culpabilidad, la imputabilidad y el pecado. Este último es la base de las tres religiones abrahámicas: judaísmo, cristianismo e islamismo. El concepto de culpabilidad es también la base del derecho penal internacional.
Francis Crick, considerado uno de los científicos más importantes del siglo XX por su descubrimiento, junto a James Watson, de la estructura molecular del ADN, en su obra “La búsqueda científica del alma: una revolucionaria hipótesis para el siglo XXI”, defiende la inexistencia del libro albedrío, así como la reducción de todo lo que consideramos la identidad humana a un simple paquete de neuronas y de conexiones entre éstas. Según este enfoque, ¿cómo podrían juzgarse las acciones humanas?
Esto explica por qué en Alemania, algunos especialistas en derecho penal están reclamando la revisión del código penal para adecuarlo a los resultados de la neurociencia. Evidentemente seguiremos encarcelando a aquéllos que violen las reglas, pero lo que sí va a cambiar, será la imagen que tenemos tanto de esos criminales, como de nosotros mismos.
Desde el punto de vista de los fisiólogos; “no hay evidencia que haya un proceso de decisión previa, a la ejecución de una acción”. Es decir, al ejecutar una acción (por los estímulos que recibe el cerebro), luego nos la apropiamos automatizadamente como propia (considerándola una decisión nuestra, consciente y premeditada). Humanamente hablando, pensamos que elejimos. Funcionalmente de momento, los resultados muestran lo contrario.
Yo pienso que son los estímulos recibidos por el cerebro (y su tipología), lo que desencadena en nosotros unas acciones concretas (en base, en su mayor parte, a la fisiología cerebral y la disposición de los datos contenidos en el mismo). Es decir, que el “proceso” que determina lo que hacemos, no es de yo a lo demás; "yo elijo, y en consecuencia libremente hago... lo que quiero”, sino de lo demás, a mi; "en base a lo que hay, mi base de datos, y cómo funciono, hago... lo que pueda" {y ejecutamos respuestas automatizadas condicionadas, que asumimos computerizadamente como elecciones personales}. Lo demás, determina entonces lo que hacemos;

Es un proceder claramente automatizado y nada misterioso, que en términos de cibernética denominaríamos de retroalimentación , y en su mayor parte es memético. Uno mismo, no llena su base de datos con lo que quiere (ni lo que quieres, es elegible), ni conecta y desconecta sus circuitos neuronales a conveniencia (ni ha decidido heredar semejante estructura). Somos pues, como robots biológicos que nos autoprogramamos mediante "educación" y permanentes actualizaciones, no más libres que un androide (porque somos piezas y circuitos que articulan un organismo complejo, en base a descodificaciones de datos), que actúan según sus necesidades. Un cerebro no programado, sería incapaz de leer este texto, por ejemplo. No reconocer eso, sería como decir que el funcionamiento humano es algo inescrutable, inexplicable, sobrenatural, y arbitrario (y no tendría ningún sentido avanzar en investigaciones para descubrir lo que somos y cómo funcionamos). Si el conocimiento avanza, es porque implícitamente reconocemos que respondemos a causas medibles y procesos concretos explicables.
Unos ejemplos significativos;
- El estudio realixado por Martin Lepage, profesor adjunto del Departamento de Psiquiatría de la Universidad McGill de CanadáEl, identificó con éxito un volumen cerebral subcortical reducido, como señal medible del potencial desarrollo de la depresión o la esquizofrenia. La conclusión del estudio es taxativa:
Regiones subcorticales reducidas, engendran una disminución de las habilidades de experimentar placer. La experimentación con ratas en este campo, ya ha dado resultados sorprendentes. Las ratas teledirigidas o robo-ratas, son ratas normales y corrientes que llevan unos electrodos implantados en el cerebro. Desde el ordenador, el investigador les envía señales para indicarles hacia donde deben moverse. Nada impide a las ratas ignorar las señales que les llegan, pero entonces, las descargas que reciben como recompensa en el centro de placer de su cerebro, también se acabarían. Este experimento demuestra la viabilidad de “estimular artificialmente” el cerebro, lo que plantea un nuevo dilema; ¿Se acabarán aplicando estos avances en humanos (aunque estén sanos), o quedarán relegados a diagnósticos precoces y tratamientos para enfermos con anhedonia.
- La estimulación magnética transcraneana (EMT), una técnica que consiste en estimular magnéticamente zonas profundas del cerebro, puede liberar zonas cerebrales responsables de la actividad inteligente de alto nivel, posibilitando así que personas con limitaciones intelectuales sean capaces de comprender arduas teorías científicas o de adquirir conocimientos complejos. La EMT, se emplea solamente para el tratamiento de las depresiones, pero sin embargo, esta tecnología permite al mismo tiempo aumentar la capacidad intelectual de las personas, según ha revelado el director del Center for The Mind. Partiendo del hecho de que grandes sabios como Einstein o Newton eran de alguna forma autistas, los investigadores concibieron la hipótesis de que las excepcionales cualidades intelectuales de estos genios se debían no a que poseían un cerebro extraordinario, sino más bien a que padecían un defecto en el funcionamiento cerebral que les impedía mantener relaciones sociales normales. La teoría se basa en que cuando una zona del cerebro no desempeña su función por estar dañada, otra parte del cerebro "destapa" sus habilidades. Por ello, asumiendo que el daño causado a una parte del cerebro, el lóbulo frontal temporal izquierdo, desbloquea la capacidad creativa del resto del órgano, los investigadores australianos experimentaron con voluntarios que se prestaron al bloqueo temporal de las señales cerebrales relacionadas con la atención cotidiana (lo que produjo el efecto de liberar capas más profundas del cerebro capaces de asimilar trabajos intelectuales complejos). El 40 por ciento de ellos adquirió habilidades intelectuales extraordinarias en tan sólo quince minutos. Este procedimiento a lo “Matrix”, suscita nuevos interrogantes acerca de la forma en que entendemos los límites de la inteligencia humana y, en general, el funcionamiento del cerebro. La EMT modifica la liberación de sustancias químicas específicas del cerebro, como la serotonina o la dopamina en los animales, lo que hace concebir la idea de aplicarla a enfermedades asociadas a estas sustancias. Allan Snyder no tardó en pensar que, de la misma forma que la EMT actúa de manera favorable en el cerebro de personas aquejadas de ciertas enfermedades, también sería susceptible de mejorar la capacidad intelectual de las personas.
- En noviembre de 2004, un científico de Florida desarrolló un cerebro capaz de hacer volar un avión de combate virtual. Este ordenador viviente se cultivó a partir de 25.000 neuronas que se extrajeron del córtex del cerebro de un ratón, y se colocaron sobre una cuadrícula de sesenta electrodos en una placa de Petri (material de laboratorio en forma de caja circular con tapa, que se usa para preparar cultivos). Nada más ser extraídas y colocadas en el cultivo, las neuronas individuales rápidamente comenzaron a extender líneas microscópicas entre sí, reproduciendo las mismas conexiones que ocurren en los procesos neuronales y desarrollando conexiones entre ellas. La red neuronal se comunicaba con el exterior a través de 60 electrodos ubicados en el inferior del recipiente. Cuando este ordenador viviente se conectó al simulador de vuelo de un avión de combate F-22, el cerebro y el aparato establecieron una conexión en doble sentido similar a la que se produce cuando las neuronas reciben e interpretan señales para controlar nuestro cuerpo. Gradualmente, el cerebro aprendió a controlar el avión usando los datos que recibía de las condiciones de vuelo. Para controlar el simulador, previamente se escribieron 25.000 algoritmos a las neuronas. Mediante esos algoritmos, las neuronas analizaron los datos y respondieron creando señales que eran enviadas a los controles del avión.
Estas señales alteraban el rumbo del avión y originaban nueva información que era enviada a las neuronas (provocando un ciclo permanente de realimentación de la información). El caso es que la red neuronal poco a poco aprendió a dominar el avión, y en la fase final del experimento, era capaz de controlarlo en cualquiera de las condiciones meteorológicas previsibles (ya sea con cielos despejados o con tormentas). Aunque estas cadenas vivientes podrían usarse en el futuro para hacer volar realmente aparatos no tripulados y dejar sin trabajo a los pilotos, el descubrimiento tiene mayor importancia todavía como ayuda para comprender cómo el cerebro humano se desenvuelve y aprende a nivel celular determinadas tareas calculadas.
Según los artífices de esta proeza tecnológica, el ordenador biológico, una vez se desarrolle y consolide, podrá mejorar también la comprensión médica sobre determinados desórdenes neurológicos (como la epilepsia), y permitirá en consecuencia, el diseño de nuevas terapias. NewScientist destaca que la importancia de conocer los mecanismos de estas cadenas neuronales fabricadas en laboratorio radica en que permitirán hacer cálculos hasta ahora imposibles para los ordenadores mecánicos, y aplicarlos a la creación de nuevos sistemas de computación (biocomputadoras). Los resultados de esta experiencia abren la posibilidad a la construcción de vehículos no pilotados, en los que el ordenador de a bordo será asistido por una red neuronal biológica construida con células cerebrales de animales. La Universidad de Florida dispone de un programa de investigación, denominado Flight Control Systems, que estudia cómo las redes biológicas asociadas al cerebro pueden producir nuevas y poderosas habilidades computacionales. El piloto neuronal es uno de los resultados de este programa
PD: Yo diría que, simplemente, pasamos el rato (esa es nuestra condición Temporal impuesta). Y cómo lo pasamos (y lo que hagámos), dependerá y es relativo a preferencias, contextos, y circunstancias. Y no hay una trascendencia espiritualista en ello, ni somos tan 'especiales' (más allá de asquellas personas que creen , sin base científica, en supuestas Divinidades por la incomprension amoral que objetivamente manifiesta el comportamiento de nuestro universo).
_________________
