Diversidad
¿Cuán extensa y diversa es la vida inteligente que se ha desarrollado en nuestra galaxia? Se ha escrito una cantidad enorme de literatura científica sobre estas dos cuestiones. Estamos pensando aquí en las especies naturalmente desarrolladas (no divinas o sobrenaturales) que han alcanzado por lo menos nuestro nivel de inteligencia, penetración, conocimiento y cultura. Entre los científicos que han estudiado esta cuestión, el consenso general es que se deben haber desarrollado muchas especies inteligentes a través de nuestra galaxia, ahora y en otros tiempos, y que algunos de ellas pueden estar vivas hoy.
He aquí un resumen de las cuatro razones principales que apoyan la probabilidad de que por lo menos algunas especies inteligentes se hayan desarrollado en nuestra galaxia en algún lugar del exterior de nuestro Sistema Solar.
El número de estrellas en nuestra galaxia, la Vía Láctea, de cerca de 400.000 millones, es un número tan grande que casi queda más allá de nuestra imaginación. Cierto número de estas estrellas probablemente tiene planetas que son potencialmente hospitalarios para el desarrollo de la vida.
La variedad increíble de vida que convive aquí en la Tierra, desde los microbios al musgo y de los árboles a la gente, sugiere una fuerte tendencia natural a que se origine la vida y luego se diferencie. Es probable que el universo esté plagado de tendencias y procesos similares, al igual que de productos químicos similares e iguales principios biológicos. Las leyes de la naturaleza son universales y la naturaleza es, por lo general, uniforme. No hay razón para suponer que nuestro planeta es el único lugar conveniente para la vida en todo el universo. Dadas las condiciones apropiadas, la vida se desarrollará en cualquier planeta propicio, o en sus satélites. Por lo tanto, es probable que la vida se haya presentado en varios lugares en nuestra galaxia.
La comunicación rudimentaria, la organización social, las herramientas y la inteligencia han aparecido independientemente en varias especies en la Tierra. Al menos uno de estos logros aparece entre los chimpancés, gorilas, delfines, ballenas, perros, gatos y caballos, por ejemplo. No parece arriesgado presumir, entonces, que tales características se han presentado en otros planetas a lo largo del tiempo.
Una especie extraordinariamente avanzada de otra galaxia puede haber encontrado una manera de cruzar el abismo entre su galaxia y la nuestra. Aunque esto nos parezca imposible dentro del actual conocimiento de la física, esa noción puede cambiar e incluso ser superada algún día.
En nuestra galaxia podría haber varios patrones de evolución, dispersión y organización de civilizaciones avanzadas. Puede ser que una civilización única haya creado, hace mucho tiempo, una diversidad de colonias que luego se desarrollaron independientemente y se dispersaron extensamente por la galaxia. Quizás muchas especies desarrollaron independientemente civilizaciones inteligentes en varios planetas y todavía permanecen vivas, comunicándose e interactuando entre ellas. Quizás una sola civilización o federación ha conquistado e incluso eliminado el resto de las civilizaciones, excepto la nuestra. Quizás la mayoría de las especies inteligentes han mezclado voluntariamente sus culturas o genes, convirtiéndose de ese modo en una sola cultura o especie con diversidad interna. Debemos tener cuidado de asumir que sabemos cuál de estas posibilidades es el caso real: ninguna es tan inverosímil, absurda o ilógica como para que deba ser tachada de la lista de posibilidades.
También debemos tener presente que alguna vida inteligente en nuestra galaxia puede ser profundamente diferente a la nuestra. Sus patrones de pensamiento, conocimiento, emociones, cuerpos, opinión, organización social, comunicación y normas pueden ser más extrañas que las imágenes más inverosímiles de nuestra ciencia ficción. Algunos seres inteligentes de nuestro universo podían resultar ser entidades o supercomputadoras basadas en el silicio.
Puede que sea ficción pura imaginar vida inteligente desarrollándose aún más, como lo hace Arthur C. Clarke en 2010 (1982). En esa novela una especie, que comenzó su existencia en cuerpos de carne y hueso, aprende eventualmente a transferir sus cerebros y pensamientos a nuevos alojamientos de metal y plástico. Luego aprenden a almacenar el conocimiento en la propia estructura del espacio y preservar sus pensamientos para la eternidad en tramas congeladas de luz. "Se convierten en criaturas de radiación, libres por fin de la tiranía de la materia; en energía pura. Podrían vagar a voluntad entre las estrellas y hundirse como una niebla sutil en los intersticios del espacio."
¿Beneficiosa, benigna u hostil?
Si hay por lo menos una forma de vida avanzada en alguna parte en el universo que está enterada de nuestra existencia, ¿cuáles serán sus intenciones y comportamiento con nosotros? ¿Serán beneficiosos, benignos, hostiles? Para responder esta pregunta, Allen Tough utilizó una combinación de cuatro métodos (Tough, 1986).
Un método fue la búsqueda extensa de literatura potencialmente relevante, ubicada por medio de extractos en tres campos (astronomía y astrofísica, tecnología aerospacial y física) y otras nueve herramientas bibliográficas.
Como lo hace cualquier escritor, pasó muchos días pensando en las diversas versiones y posibilidades.
Solo en su casa, grabó dos extensas entrevistas falsas en las que una variedad de extraterrestres avanzados expresaban sus opiniones sobre cómo debían relacionarse con las civilizaciones novatas, en particular la humanidad. El propósito de estos ejercicios mentales era generar ideas sobre intenciones y comportamiento extraterrestres. Aunque creó espontáneamente las diversas voces y puntos de vista en un estado normal de conciencia, en alguna de las ediciones apareció una sorprendente diversidad de opiniones, donde cada punto de vista disparaba otro. En 1988 repitió dos veces el ejercicio, brevemente.
En dos clases en la universidad de Toronto, condujo y grabó una reunión en la que todos los presentes desempeñaron el papel de extraterrestres avanzados. Una guía impresa centró la discusión en varias preguntas importantes que se relacionaban con la manera de ayudar a la novata civilización de los seres humanos.
Sus conclusiones fueron que las civilizaciones avanzadas del universo evitan dañar civilizaciones novatas. El principio cardinal que guía el proceder con el resto de las civilizaciones probablemente sea este: evite el daño e interferencias innecesarios. No lastime a ninguna otra civilización u obstaculice su desarrollo. Si otra civilización está por romper claramente la regla cardinal (con un ataque de gran alcance o diseminando una plaga, por ejemplo) y si ésta representa una definida e inmediata amenaza a una especie avanzada, entonces estarían permitidas intervenciones de gran alcance, incluso destructivas, para evitar eso. Bajo ninguna otra circunstancia, sin embargo, una civilización avanzada interferirá en el desarrollo de otra civilización.
Hay varias razones para llegar a la conclusión de que los seres avanzados son beneficiosos o por lo menos benignos y que es poco probable que dañen civilizaciones novatas como la nuestra. He aquí las razones principales:
Todavía recuerdan su historia temprana, incluyendo sus etapas primitivas, sus períodos oscuros y sus locuras; por lo tanto pueden ser comprensivas con nuestras flaquezas.
Cualquier entidad decidida a capturar nuestro planeta lo habría hecho hace rato, antes de que nos desarrollásemos demasiado.
Cualquier civilización hostil que dispone de una tecnología avanzada podría haber programado sondas autorreplicantes al efecto de eliminar una civilización potencial mucho antes de que ésta alcanzara una etapa en la cual podría atacar a estas sondas; es decir, mucho antes de nuestra actual etapa (O'Neill, 198l, p. 265).
Es probable que las civilizaciones avanzadas estén permitiendo que nos desarrollemos libremente, sin interferencias, para maximizar la cantidad de información que obtienen; si interfieren y nos controlan, aprenderán menos (Kuiper y Morris, 1977). El beneficio más grande que pueden obtener de nosotros puede ser el conocimiento sociológico y antropológico sobre nuestra cultura y civilización.
Las formas de vida inteligentes destructivas, agresivas e irresponsables generalmente se autoeliminan o retroceden a condiciones primitivas antes de alcanzar el viaje o la comunicación interestelar (Harrison, 1981). Si una especie despiadadamente hostil logra evitar estas consecuencias (generalmente causadas por el impulso de la selección natural) y se prepara para la comunicación o el viaje interestelar, podría al fin ser exterminada por otros seres más avanzados de la galaxia. "Cómo se haría esto es una pregunta que posee algo más que interés académico para la raza humana en los siglos próximos", agrega Harrison (pp. 399-400).
¿Cuánta ayuda nos darán? ¿Se tomarán la molestia de transmitirnos un mensaje de radio enciclopédico, por ejemplo, o nos enviarán la información detallada por medio de una nave espacial controlada por computadoras o seres vivos?
Algunas civilizaciones avanzadas pueden decidir no enviar ninguna ayuda o información. Otros pueden optar por una aproximación de bajo presupuesto. Las civilizaciones particularmente generosas y altruistas pueden hacer mucho para fomentar una floreciente diversidad de vida bondadosa, sabia, inteligente, compasiva, armoniosa en su región del universo. Pero ni siquiera las civilizaciones más generosas, sin embargo, pondrán esta meta por delante de la supervivencia y desarrollo de su propia cultura. De hecho, si nuestras equivocaciones nos producen daño, e incluso llegan a extinguirnos, ninguna otra civilización se pondrá de luto por esto, como si hubiese sido la peor de las tragedias. Puede ser que se sientan apenadas como se sentiría la humanidad si se extinguieran todas las ballenas o si un terremoto destruyese una ciudad entera.