Como la mayoria ya sabe por que lo ha leido o visto en algun documental, la vida se puede desarollar incluso sobre las condiciones mas extremas.
A mitad del Océano Atlántico se encuentra un relieve submarino entre placas tectónicas llamado Dorsal Mesoatlántica, de donde emerge lava continuamente por las fisuras donde la corteza terrestre es más delgada .
En esta dorsal, existen respiraderos hidrotermales, o sea fuentes de agua caliente. Algunas de estas fuentes son llamadas fumarolas negras, que expulsan agua extremadamente caliente y rica en minerales, estos últimos al entrar en contacto con el agua fría del océano se precipitan, formando alrededor del respiradero una estructura similar a una chimenea.
Pues bien, esas fumarolas negras se ubican a una profundidad promedio de 2100 metros, y la temperatura del agua puede llegar a los 400 ºC.
Si ya tienes una imagen mental del sitio, te cuento que en 1997 fue descubierta una familia de microbios en uno de estos lugares, a una profundidad de 3650 metros. Este organismo lleva el nombre de Pyrolobus fumari, y puede sobrevivir a una temperatura de 113 ºC.
Pero hay otro organismo que soporta más calor todavía: Un microbio unicelular, que lleva el poco glamoroso nombre de Strain 121 de la familia Archaea, y que fue encontrado en otro respiradero hidrotermal, con la diferencia de poder vivir, crecer y reproducirse a 121 ºC.
Esta temperatura de 121 ºC es la utilizada generalmente para esterilizar equipo en medicina y en la industria farmacéutica. Pues este organismo, soportó en laboratorio tal temperatura por diez horas sin ningún problema y reproduciéndose como si nada.
Otra característica curiosa de este microbio es que Strain 121 utiliza hierro de la misma forma que los animales aeróbicos utilizan oxígeno, es decir, ‘respira’ hierro.
En el frio:La mayor parte de la biosfera es marina y es fría, y como es evidente, esto es más acentuado en los polos. Con la mayoría de los microbios siendo capaces de sobrevivir hasta los -20 ºC, existe una bacteria llamada Colwellia Psychrerythraea la cual podría soportar los -196 ºC.
Colwellia pertenece a un tipo de microorganismos llamados psicrófilos, los cuales se caracterizan por poseer membranas químicamente resistentes al endurecimiento por bajas temperaturas, y por ser capaces de producir proteínas ‘anticongelantes‘ para mantener su estructura interna líquida, protegiendo así su DNA de temperaturas por debajo del punto de congelación del agua. Como dato extra, también soporta las presiones del agua en mar profundo.
Esto hace a esta bacteria particularmente importante para la ecología marina de los polos, y además su análisis genético sugiere que tiene enzimas capaces de descomponer el pentaclorofenol (PCP). (El pentaclorofenol es una sustancia tóxica y mortal para los seres humanos y para la mayoría de los seres vivos). Lo anterior hace a Colwellia Psychrerythraea importante para una posible restauración ambiental en medios ambientes congelados.
En el Mar Muerto:La concentración de sal que existe en el Mar Muerto, ubicado entre Israel, Jordania y Cisjordania, haría pensar que no hay vida ahí (otras razones, no tan evidentes, es el bajo nivel de oxígeno y la alta intensidad de la luz de ese entorno).
Pero existen microorganismos que se han adaptado a tal ambiente, como la bacteria Haloarcula marismortui, la cual posee complejas respuestas proteínicas para protegerse de la alta concentración de sal.
Esta bacteria no es única solamente por sobrevivir en un entorno salado, sino también por su resistencia a los rayos UV (ultravioletas), los cuales son capaces de alterar el DNA de una célula. De hecho, en microbiología este tipo de rayos se utilizan para matar microorganismos. Pues resulta que Haloarcula marismortui, por vivir en un medio con tanta exposición a la luz, tiene su composición interna modificada de tal manera, que minimiza el daño que pueda sufrir su información genética.
La bacteria más ‘dura’ del planetaAsí denomina el Libro Mundial de los Récords Guinness al último de los organismos que comentaremos: el Deinococcus radiodurans.
En 1952, un grupo de científicos trataba de averiguar si era posible esterilizar alimentos enlatados con rayos gamma (radiación, y de la fuerte). Para ello sometieron a latas de carne a dosis suficientes para matar a cualquier organismo conocido. La bacteria más resistente del planeta fue descubierta cuando a pesar de eso, la carne se descompuso.
Deinococcus radiodurans es una bacteria capaz de soportar niveles de radiación de 5000 Gy sin ninguna dificultad, y sobrevivir a una exposición de 15000 Gy. Para ponerlo en perspectiva, un ser humano muere si es expuesto a una dosis de 10 Gy. (Gy es abreviatura de gray, la unidad de medida de la radiación).
También es resistente a la luz ultravioleta y a la deshidratación, entre otras cosas. Por sus extraordinarias capacidades de resistencia, este microorganismo ha sido modificado genéticamente para digerir solventes y metales pesados, así como otras sustancias relacionadas con el procesamiento de material radiactivo (fabricación de armas nucleares o manejo de desechos de centrales nucleares).
El origen de su resistencia se explica en parte debido al ritmo de reparación ante daño por radiación que posee, y al hecho de que cuenta en forma estacionaria con 4 copias de su genoma, llegando a tener entre 8 y 10 copias cuando está en fase de multiplicación. (Las células de los organismos comunes y corriente solo tienen una copia). De ahí que cuando la radiación destruye sus cadenas de ADN, pueda recuperarlas, y lo hace a un ritmo increíble (las reconstruye en un tiempo de 12 a 24 horas).
Todo esto hace que sea muy importante en el desarrollo de organismos súper-resistentes, y hay quienes dicen que incluso el ser humano mismo puede ser beneficiado directamente con el estudio de esta bacteria. Entre ellos, el investigador Aubrey de Gray, quien afirma que el Deinococcus radiodurans puede ser la clave para la juventud eterna (Relacionado: Conferencia Envejecimiento 2008).
Además, debido a sus extraordinarias capacidades de supervivencia, esta bacteria se ha planteado como un medio de almacenamiento de información en caso de una catástrofe nuclear. En el año 2003, científicos codificaron exitosamente una canción en el código genético de este microorganismo, y pudieron recuperar esos datos después de 100 generaciones de reproducción de la bacteria.
Como hemos visto, la vida florece en los lugares más insospechados y de las maneras más sorprendentes, lo que lleva a los científicos a pensar que al estudiar este tipo de organismos, podemos tener una idea del tipo de vida que puede existir fuera de nuestro planeta.
Pero también saber sobre este tipo de organismos nos da una idea sobre la adaptabilidad y tenacidad de los seres vivos. Por ello pienso que, por mucho que cambiemos las condiciones en nuestro planeta, por mucho que destruyamos el sistema ecológico actual, y a pesar de todo lo que hagamos, la vida seguirá prosperando en este mundo (y seguramente, de seguir como vamos, lo hará sin nosotros).